Foro universitario. Filosofía. Literatura. Argumentación. Ciencia. Salud. Arte                             en Realidad y ficción  
  Realidad y ficción  Revista Lindaraja. Revista de estudios interdisciplinares  ISSN:  1698 - 2169  
 

Revista Lindaraja

nº 24, noviembre de 2009

 

 

La comunidad política

como garantía

de libertad en Kant

 

Educar

 

¿El estudio adecuado de la humanidad?

 

Educar es hacer grande lo pequeño

 

El caso de la desaparición del arte

 

 

 

¿El estudio adecuado de la humanidad?

Jorge Mora Hernández

            Recientemente ha sido publicado por Fondo de Cultura Económica un volumen que recoge varios artículos de Isaiah Berlin. Con el título El estudio adecuado de la humanidad, se recoge la traducción  del original póstumo británico, de 1997, titulado The Proper Study of Mankind. No pretende ser una antología exhaustiva, pero sí presentar algunos de los trabajos más célebres, y dispersos hasta ahora en muchos casos, de este defensor del pluralismo.

            Con este motivo comento algunas de sus ideas e intento una crítica, colocando una carga de profundidad, que yo creo necesaria para la correcta lectura de este autor. Si se pretende con esta publicación una lectura de provecho para las nuevas generaciones de lectores de este autor, según comenta el editor en el Prefacio, habrá que, con los mismos fines, hacer algunas advertencias críticas. 

(1) Para Berlin los dos elementos principales que configuran la historia del siglo XX son el desarrollo tecnológico y las «tormentas ideológicas». Tales elementos, que surgieron como ideas de alguien, han marcado las relaciones, concepciones, intereses, ideales, fines, valores, ..., de los hombres del último siglo. La reflexión sobre  estos modos morales es tarea de la ética. El estudio sobre cómo se aplica la ética a la sociedad es tarea de la filosofía política[1]. Estos estudios son de importancia radical pues de ellos depende que podamos «esperar ser capaces de actuar racionalmente en él [mundo] y sobre él». Sólo una actitud conformista, «bárbara»[2], no examinaría la legitimidad y privilegios del orden en el que se encuentre. 

(2) La lectura de novelistas rusos le hace ver al joven Berlin que la intención de éstos es claramente moral. Ellos dibujan los contornos de los males de su sociedad, esperando que así pudiera establecerse el bien. Presentando el egoísmo, la crueldad, la humillación, ..., esperaban saber cómo podría alcanzarse «un reino de verdad, amor, sinceridad, dignidad humana, honradez, independencia, libertad, plenitud espiritual». Tal reino tenía que existir y podría alcanzarse si se aplicaba suficiente pasión al esfuerzo por lograrlo. Más tarde, ya como universitario, en Oxford, advierte Berlin que encuentra la misma fe, en la existencia de un mundo feliz como meta a la mano de los esfuerzos del hombre, en los grandes filósofos. Ya fuera por revelación o por razonamientos semejantes a los de la ciencia natural o la matemática ese reino, del que hablaban también los novelistas rusos, tendría que alcanzarse. «Lo único que hacía falta, dice Berlin, era identificar las principales necesidades humanas y descubrir los medios de satisfacerlas».

No podía, pues, no haber un sentido en la historia. Las categorías científicas y matemáticas podrían extrapolarse directamente al ámbito de la ética lográndose, de este modo, introducir la coherencia y unidad armónica de aquéllas en ésta. Tal planteamiento es el que denuncia Berlin como un “ideal platónico”. 

(3) Maquiavelo le descubre a Berlin que «no todos los valores supremos que perseguía la humanidad en el presente y había perseguido en el pasado eran necesariamente compatibles entre sí» (p. 27). Así, la virtù del Renacimiento puede chocar con las virtudes cristianas sin que quepa, le parece a Berlin, compatibilidad alguna entre ellas. Con Vico descubre Berlin el comunitarismo. Cada sociedad sucesiva «tiene sus propias dotes, valores, formas de creación, que no pueden compararse entre sí». En un sentido paralelo Herder afirmaba la independencia radical de las culturas, incompatibles entre ellas y con sus peculiares «formas de vida». La distintas culturas con sus diferentes «contenidos particulares»[3] son impermeables, no se dejan subsumir las unas en las otras sin anularse entre ellas. 

(4) Berlin se da cuenta de que su discurso hasta el momento puede parecer relativista. No es relativismo, dice Berlin, sino pluralismo. El pluralismo acepta «la idea de que hay muchos fines distintos que pueden perseguir los hombres y aun así ser plenamente racionales, hombres completos, capaces de entenderse entre ellos y simpatizar y extraer luz unos sobre otros». Hay pues posibilidad de relacionarse unas culturas con otras, si no de valorarse sí, al menos, de entenderse. Entre las diferentes culturas se levanta un puente que las une: el puente de lo humano. No obstante, añade Berlin, «lo que es evidente es que los valores pueden chocar; por eso es por lo que las civilizaciones son incompatibles» [4].

 

Continuación del artículo en Word


________________________________________________


[1] Es curioso que Berlin vea la política como ética aplicada.

[2] Uso el término en el sentido de Ortega. Para éste la actitud que el dice «bárbara» tiene que ver con que la mayoría de la sociedad considere como «natural» lo que son beneficios logrados por siglos de conquistas en todos los órdenes de la vida. Ver La Rebelión de las Masas, p. 87

[3] Me sirvo ya aquí del lenguaje de Habermas (Teoría de la Acción comunicativa, I, pp.325ss). Creo que el concepto refiere exactamente a lo mismo que la idea de Berlin. Pero tiene una ventaja: muestra que falta el polo de los criterios de validez. Vease más abajo.

[4] Hasta aquí la posición de Berlin en toda su ambigüedad.

 

 

© Jorge Mora Hernández. Profesor de Filosofía. Investigador en la Universidad de Granada.

Página web: http://web.me.com/jmorahernndez

© Revista Lindaraja, nº 24, noviembre de 2009

   
 

© Foro de Realidad y ficción. Editora: Mercedes Laguna González. Todos los derechos reservados, 2004-2010. Baza (Granada). España