REALIDAD Y FICCIÓN                                                                     LECTURA, COMENTARIO, CREACIÓN                                                                                                                                                                                   Edición de la página

Revista DIOTIMA DE MANTINEA Revista de Lectura y creación. ISSN:  1698 - 2622

 

 

 

 

Revista Diotima

 

 

Biblioteca

del IES P. Jiménez Montoya

 

Foro de

Realidad y ficción

 

 

 

 

 

 

 

 

La escritura creativa

Herminia Pérez Cifuentes

 

           

 

 

“Cualquier filosofía que dure más de cincuenta años tiene que ser necesariamente mala, porque las cosas cambian demasiado deprisa”

                                                                                                                             (Doris Lessing)

                                                      

“Esos ojos que no saben mirar  ni leer mas que lo ya mirado o leído por otros”

                                                                                                                             (Carmen Martín Gaite)

  

 

 

            He elegido estas dos frases para comenzar porque recogen la pretensión  de cualquiera que se pone a escribir un ensayo con honestidad, dar su opinión; ni dogmatizar ni convencer de nada. Tenerlas presentes,  humildes e inteligentes, durante el tiempo que dure mi trabajo, sé que me ayudarán. Todo el que se decide a escribir sobre un tema es porque piensa que tiene algo nuevo que decir, algo que aportar, una pequeña luz, una particular visión de algo. Sin esta creencia,  al menos a mi, me sería imposible  porque el pulso me temblaría. ¿Qué nos mueve a tener la confianza de que tenemos algo nuevo que comunicar aunque sea  una sola idea  si se frecuenta las macrolibrerías, las bibliotecas públicas o los archivos, aunque sean virtuales? Creo que lo que mueve al poeta, al novelista, al articulista, al ensayista, en fin, a todo aquel  que se decida por la escritura creativa, es una dilatación arterial que pone al cerebro en tal estado de ebullición  que es imposible no abrir alguna vía de descompresión. “Mi mente,- escribió Virginia Woolf- apartada por la ansiedad, o por otras causas, del estudio del papel en blanco, es como un niño perdido, que vaga por la casa y se sienta en el último peldaño de la escalera para llorar”

           

            Hace una mañana gris, seca, sopla un viento helado con el que  las hojas rojizas se arremolinan hasta danzar. Todo se confabula para ofrecer el escenario de un bosque de cuento noruego. No tengo ganas de leer, ni de estudiar, ni de ponerme a escribir, ni siquiera de hablar…Mi voluntad parece absorbida por un “espejo ciego”. Tomo un libro y lo dejo caer en la mesa al momento, luego otro y otro, hasta que comienzo a ocupar gran parte del suelo con ellos. Llega  esa mujer de férreas convicciones que me acompaña en mis sentimientos y a la que muchos tanto temen;  a mí me gusta, la llamo, la espero, viene, la acepto y converso con ella llamándola por su nombre de pila, Soledad. Me aconseja que hable con otra mujer, fuerte también, aunque no tanto como Soledad y obedezco dócil; “volveré a ella; llevas razón,-le digo- porque con unas pocas palabras consigue que mi mente comience a hablar y  tome tanta fuerza que los dedos sientan la necesidad de empuñar un bolígrafo y un papel en blanco. Así que el presente ensayo está inspirado por otro al que siempre vuelvo y vuelvo. Todos tenemos un libro de cabecera y éste es el mío: “Andalucía o las Hespérides”.

 

(…) Juana la Loca sigue por los caminos a un ataúd, incubando a su muerto; Juan de la Cruz, asomado a la ventana frente al sublime espectáculo de Sierra Nevada y de la Vega de Granada, aparta de su espíritu esas formas visibles a medias a la luz de las estrellas para buscar a Dios en la noche; Miguel de Mañara va de mujer en mujer por las calles del barrio de Santa Cruz, antes de acabar su vida con un hábito de servidor de los pobres, olvidando, sin duda, la triste voz de Elvira; más cerca de nosotros la insaciable Belisa y la implacable Bernarda. Bellas imágenes, hechos más o menos aislados en la experiencia de la raza, que nos muestran, sobre todo, lo que un pueblo creyó encontrar en sí de esencial. Tierra de poetas, que ayer todavía bañaba con su sangre García Lorca. Tierra de poetas, sobre todo por haber sido perpetuamente amada y recreada desde la distancia, en los suspiros de los poetas árabes que lloraban su Granada perdida, y también en la obra de los poetas occidentales de más allá de los montes y de ultramar (…)

 

Y surgen las preguntas: ¿Qué hace que una obra literaria nos conmueva? ¿Qué ofrece  más ventajas al talento creativo, la  formación académica o el  autodidactismo? Esta última pregunta, a mi parecer, tiene fácil respuesta: lo deseable sería una sólida formación académica, simultaneada con el autodidactismo y que a la vez pudiéramos inspirarnos en vivencias propias-cuanto más ricas y abundantes-mejor y en la observación de la calle.  Inmediatamente  surge la consecuente pregunta: ¿Es esto posible? Por supuesto. Hay muchos artistas que lo consiguieron y lo siguen consiguiendo pero existen otros muchos que,  o no llegan  o llegan y abandonan y, sin embargo,  son premiados incluso con el Nóbel.  Sobre creatividad, formación universitaria y autodidactismo se ha escrito mucho, no obstante, ¿qué visión nos dan dos personalidades tan diferentes y tan relevantes desde el punto de vista creativo como son Doris Lessing o José Ángel Valente? Ellos sólo son un ejemplo. Sabemos que Marguerite Yourcenar no pisó jamás una escuela;  Doris Lessing la abandonó con catorce años; Virginia Woolf no tuvo titulación alguna,  García Márquez dejó  sus estudios universitarios, Ignacio Aldecoa, etc., etc. Sin embargo, Carmen Martín Gaite se formó en la Universidad, Chejov era médico y José Ángel Valente nos apabulla con su carrera académica, por citar sólo algunos nombres. El motivo del presente ensayo, no es defender, como es lógico,  el abandono escolar ni cuestionar los beneficios de una educación académica; pero sí plantearme qué papel cumple la enseñanza reglada en la carrera de un artista, de un creador. ¿Qué tienen en común todos ellos? Posiblemente, los creadores vivan con el amanecer metido en los huesos, miren el mundo con ojos de recién nacido cada mañana.

           

             No hace mucho en una cena de amigos alguien que recuerdo bien pero que no diré su nombre, dijo que la literatura emocionante, que la buena literatura, era el género histórico porque necesita investigación y un nutrido grupo de colaboradores los cuales trabajan para el escritor husmeando, durante años, archivos,; conociendo lugares, realizando entrevistas… Citó como ejemplo a Pérez Reverte. Consideraba que el resto de escritores sólo se  sentaban ocho horas frente a un ordenador “a escribir novelas como churros”; esto es algo…bueno, un trabajo más, un trabajo cualquiera-añadió. ¿Qué decir ante un comentario así? Nada. Mirar el reloj y esperar que pase pronto la velada rogando  no escuchar más anacronismos. Sin tener nada en contra de Pérez Reverte- todo lo contrario- me gustaría constatar la cantidad de horas, trabajo, estudio y desvelo que hay detrás de cualquier creación por mediocre que sea. El artista es aún un tema nuevo de estudio. Dice Doris Lessing en el prefacio para El cuaderno dorado:” Cien años atrás, raramente los artistas  solían ser héroes. Eran soldados y forjadores de imperios, exploradores, sacerdotes y políticos. Tanto peor para las mujeres, que, a lo sumo, habían tenido éxito produciendo una Florence Nightingale. Solamente los chiflados y los excéntricos querían ser artistas, y tenían que luchar para lograrlo”. Afortunadamente las cosas hoy son mucho más fáciles aunque siga existiendo lo que ya es un tópico: “Si, si escritor, músico, pintor… pero, qué estudiaste, en qué trabajas”. La autoestima aparece mermada a cada minuto porque el mundo es una comparación loca de datos; nuestras vidas se han convertido en pura estadística. Desde pequeños la confianza en nosotros mismos se ve mermada  por los demás a poco que mostremos cierta iniciativa, fantasía o creatividad. Siempre hay un adulto dispuesto al “pero…”. Los niños comienzan a cuestionar sus propios pensamientos; se les pide que los razonen, que los apoyen en la relevante lógica. A los niños- dice Lessing- se les enseña sumisión a la autoridad, cómo averiguar las opiniones  y decisiones de los demás y cómo citarlas y cumplirlas. Y yo me pregunto: ¿Cómo pedirle a un adulto creatividad, cómo pedirle que cuestione los dogmas, cuando ni siquiera nos hemos molestado en enseñarles de pequeños qué credos políticos, éticos y morales rigen el mundo en el que crecen?  .La escritora plantea algo que me parece sumamente interesante y revelador de la cultura, de la sociedad que todos estamos ayudando, de una u otra manera, a crear. Dice así:

 

            “Él no sabe- se refiere al joven- que ya ha sido moldeado por un sistema: ignora que  la misma elección es una falsa dicotomía arraigada en el corazón de nuestra cultura. Quienes lo notan y no quieren ser sometidos a un moldeado ulterior, tienden a irse en un intento medio inconsciente e instintivo de encontrar trabajo donde no vuelvan a ser divididos contra ellos. Con todas nuestras instituciones, desde la policía hasta las academias, desde la medicina a la política, prestamos poca atención a los que se van, ese procedimiento de eliminación que siempre se produce y excluye, muy tempranamente, a quienes podrían ser originales y reformadores (…) Este mecanismo social funciona casi sin hacerse sentir; sin embargo es poderoso como cualquiera para mantener nuestras instituciones rígidas y opresoras.”

           

            A lo largo de mi vida he tenido la gran suerte de encontrarme mucha gente sensible, sumamente creativa,  con una inteligencia fuera de lo común, que hubiera podido prestar un servicio a la sociedad maravilloso y que, o bien hacían trabajos manuales o tocaban la guitarra en una plaza por unas cuantas monedas; o bien pasaban las horas sirviendo copas y filosofando-algunos hasta lo eran o tenían algunos años de estudio- con una inteligencia y lucidez inquietante. Realmente pienso que tal vez, hoy por hoy, no tengamos una respuesta social y educativa a esto, pero si sería conveniente ser sinceros y llamar a las cosas por su nombre. La sociedad actual-me refiero al mundo desarrollado-es demasiado paternalista, de un modo mal entendido y exagerado. El Estado nos da y nos da y cuando tenemos un problema- del tipo que sea- siempre es al Estado al que volvemos la mirada; queda reflejado en el  sistema educativo  y en el sistema familiar, imagen de la sociedad. No sabemos ir solos por la vida y eternizamos en nuestros hijos la juventud indebidamente en un intento vano de evitarles el sufrimiento que inevitablemente produce todo crecimiento. El Estado da y ¿qué pide a cambio? Nada. Muy poco; apenas nuestra independencia. Nos convierte en sus subordinados ideológicos, cada vez más dependientes, al igual que esos padres protectores que eternizan la juventud de sus hijos, adultos de 25 ó 26 años. Esa es la trampa; el obstáculo a la creatividad, a la originalidad. Ya nadie se aventura a solas a nada, cada día da más miedo.- dice Martín Gaite en “Los malos espejos” - Ni a conocer a una persona, ni a leer un libro, ni a hacer un viaje. Para todo se acude a las guías, a los informes, a los resúmenes. Nadie quiere arriesgarse porque ir a solas entraña siempre riesgo, de eso qué duda cabe; pero es, por otra parte, la única forma de inventar o de descubrir algo inédito.

            Cuando leemos una entrevista o la biografía de algún escritor, todos coinciden en que reciben miríadas de cartas pidiéndoles opinión sobre sus propias obras o un artículo sobre las mismas.”También piden mil detalles totalmente inútiles que no vienen al caso pero que se les ha enseñado a considerar importantes” decía Lessing en una entrevista para un diario. La escritora contaba, con su característico sentido del humor inteligente y ácido, que siempre respondía: “Querido estudiante: Está usted loco .¿Para qué gastar meses y años escribiendo acerca de un libro, o hasta sobre un autor, cuando hay cientos de libros que esperan ser leídos?”

 

            Lógicamente, se sentía alagada  por el interés suscitado por su obra , no obstante, al igual que Martín Gaite, expresa la necesidad de que el estudioso se aparte de los modelos establecidos, de las críticas existentes y lea los libros en solitario, única manera de formarse una opinión personal. Volviendo a citar a Martín Gaite: Tanto los lugares como las personas, como los libros, aún a riesgo de perderse por ellos, hay que atreverse a leerlos uno mismo. Simplemente dejándolos ser. No puedo estar más de acuerdo con esta frase porque, cuando uno está inmerso en un sistema tan dado a decirnos, guiarnos, en fin, explicarnos hasta el aburrimiento, no somos conscientes de lo nocivo que puede llegar a ser. Ambas podían haber hablado más alto pero no más claro.

            Para proseguir con mi discurso de pensamiento debo añadir a un tercero, no en discordia sino en genialidad, que es José Ángel Valente, y una frase suya:

           

            No hay innovación radical que no esté elaborada sobre una imitación fecunda. El hombre es capaz de imitación innovadora (emulación) lo cuál lo distingue del mimetismo estéril del mono (remedo).

 

            Para poder experimentar en literatura como en cualquier otro arte hace falta primero manejar las herramientas que otros ya han utilizado; destripar las obras de  autores anteriores. Si el escritor no tiene una buena formación académica ¿se vería obligado a empezar desde cero,  retrasaría su trabajo? Hay quien opina que el mirar hacia atrás nos hace quedarnos como esas figuras de sal, como la mujer de Lot, eterna pero inanimada. El pensamiento de naturaleza curiosa y rebelde obliga a mirar atrás, mas la creatividad impide que nos anclemos en el pasado. Ésta es la protagonista  en cuanto al arte se refiere, pero sólo será eficaz  si germina gracias a la experiencia de otros que experimentaron ya- con mayor o menor fortuna-. Después de meditar sobre estas cuestiones, creo que el escritor, el pintor, el artista en general, necesita una sólida formación académica, por lo menos sería lo deseable, pero no a cualquier precio. Es importante que sepa mantenerse independiente de los dogmas sibilinamente impuestos; de la rigidez temática, y alejado, siempre, del saber pedante. El escritor no es un exhibicionista de cultura sino un humilde creador que intenta dialogar con el que quiera leerlo. Para ello necesita la experiencia de la calle, esa gran escuela que es la vida (que por mucho que se repita nunca será un tópico sino una contundente verdad), pero sin apartarse de una disciplina diaria de estudio. Valente nos habla de  Quevedo como un creador de amplia formación académica: durante toda su vida quemó su ya escasa vista estudiando la filosofía estoica. Tal vez Quevedo fuese excesivo haciendo gala de sus conocimientos, como fue excesivo en tantas cosas, pero es indudable su maestría y dominio de los clásicos, quizás y apoyándome de nuevo en Valente, presumió de sus conocimientos “de forma excesiva y farragosa”.

           

            Algunos autores, por el contrario, piensan que si estudian, analizan o siguen los modelos de los grandes autores, perderán la frescura, su independencia de pensamiento; que su estilo se verá contaminado. ¡Ojala las cosas fuesen tan sencillas! y siguiendo la tradición de los grandes maestros se llegase a escribir como ellos. La historia está llena de ejemplos que nos demuestran lo erróneo de este pensamiento y los beneficios del estudio de los clásicos. El lenguaje innovador de Virginia Woolf llegó tras muchas horas de estudio (autodidacta) y búsqueda a través de los clásicos, al igual que Kafka, Chejov y así la lista se nos hace interminable. En mi opinión, es imprescindible que un creador se universalice, es decir, que salga de su entorno y de su momento histórico, que estudie la “Divina Comedia” y “El Quijote” y conozca la etimología del idioma con el que trabaja. ¿Qué pensaríamos de un joyero que no supiese la aleaciones y las proporciones de los metales con los que fabrica sus obras?. Sin estos conocimientos pronto se cae en una literatura hueca, provinciana-en su sentido negativo-, y pasada de moda incluso antes de finalizar la obra.

           

            José Ángel Valente en su ensayo sobre “La formación del escritor como profesional” no hace distinción entre la formación humanística y la universitaria sino que les da el mismo significado no queriendo entrar en el eterno debate sobre la eficacia  o no de la Universidad.” La tradición-dice Valente- no es para el escritor un hallazgo gratuito sino una conquista fatigosa.”Esta frase me parece clave para mis observaciones. Si alguien no conoce la historia difícilmente podrá interpretar el mundo en el que vive, es el sentido histórico del que habla Eliot y que Valente cita en ese ensayo. No se trata sólo del pasado sino del presente en el que está inmerso. “El sentido histórico empuja al hombre a escribir-dice Eliot-no simplemente con su propia generación en la sangre, sino con un sentimiento de que el conjunto de la literatura de Europa desde Homero, y dentro de ella el conjunto de la literatura de su propio país, tiene una existencia simultanea y constituye un orden simultaneo.”

            Frente a este escritor deseable y modelo a imitar constatamos la proliferación del escritor que gira en torno a los temas actuales, lee a los autores de éxito y repite constantemente el esquema de su tiempo. Le es imposible una innovación profunda porque no ha llegado a conectar con la raíz del Todo en el que se halla inmerso. Aquí entraría un tema del que he hablado brevemente, de pasada: la originalidad. ¿Cómo pretender ser originales si nuestras fuentes son superficiales y las lecturas una pescadilla que se muerde la cola?

           

            Carlos Fuentes dice en una entrevista concedida al diario “el País” que el secreto de la literatura es saber mezclar lo universal y lo local. Volvemos de nuevo a ver la necesidad de la formación humanística en el escritor. “Si te quedas- explica Fuentes- en lo puramente local, desaparece pronto, si te vas voluntariamente a lo universal no vas a lograr la base real que te da la sociedad. De manera que es una mezcla de las dos cosas: lo universal y lo local van juntos, uno no puede prescindir del otro, y si prescinde la obra fracasa”. Reitero la teoría de que es imprescindible el conocimiento de las obras anteriores, una base universitaria o en mi opinión un educación en casa bien reglada en contenidos y objetivos, junto a unas vivencias cercanas, para crear una obra. Se puede hacer una obra universal  basada en cosas cercanas, es más, soy de la opinión de los que piensan que no hay otro modo. El periodismo existe para informar sobre nuestra realidad; no corresponde a la obra literaria esta cuestión. La memoria reciente reproduce posiblemente lo más cercano a la realidad objetiva; no corresponde a la obra literaria tampoco esto. La literatura  debe crear la realidad, otra realidad que antes de ella no existía y-ahí tenemos la base creativa- nadie pensó que pudiese existir.¿Existía la Señora Dalloway como realidad antes de que su autora la creara? No. Sin embargo es un personaje creíble que termina formando parte de nosotros después de leer la obra porque una obra siempre tiene un estilo que persigue un estilo. Esto que puede parecer una perogrullada viene a decir que una creación está alimentada de una obra anterior; nace de una raíz existente dando lugar a algo nuevo que para haber sido capaz de comunicarnos algo, para tener un significado debe conectar con la realidad y con el sentir actual llenando un vacío vivencial que reclama la sociedad en la que el autor se encuentra. ¿Cuál es el filo de la navaja? La originalidad de una obra literaria no estriba en su temática, que al fin y al cabo se reduce a unos cuantos temas, sino a la forma de tratar esos temas eternos, consustanciales a la especie humana y  su forma de mirar el mundo en el que habita. Volviendo a Carlos Fuentes, << el gran logro-intento de escritores-dice- como Virginia Woolf o William Faulkner es dar tiempos simultáneos, presente, pasado y futuro. Faulkner dijo:”Ayer está pasando, hoy y mañana también”. >

 

            Según la RAE, original significa dicho de una obra científica, artística, literaria o de cualquier otro género: Que resulta de la inventiva de su autor. Así que cuando hablamos de original inmediatamente nuestra mente lo une a novedad, palabra latina (originalis) que nos habla de origen  y que puede llegar a ser peligrosa por mal entendida. Todo artista, serio y profesional, acude a fuentes. Un escritor acude a Cervantes,  Homero,  Balzac, Shakespeare, Racine o Dante no en busca de historias, frases ya inventadas, construcciones gramaticales afortunadas, etc., sino para que estas obras operen en su cerebro (espíritu, sensibilidad, ánimo…) y lo predispongan al trabajo; para ampliar conocimientos con los que poder avanzar más rápido y con mayor profundidad. Así memorizamos poemas para apresar su ritmo, su cadencia, e intentar captar el milagro que opera éste en nuestro subconsciente. Dice Croce:(…)en los que se cuentan entre los más libres y originales, se reconocen, como dicen los franceses, que hicieron en un tiempo su curso de rhétorique”. Y es que sólo podemos modificar algo si lo conocemos, y cuanto más profundo sea este conocimiento, más eficacia y radicalidad tendrá el cambio. ¿Desde cuándo conocía Mozart la música? La respuesta es bien conocida por todos. Él describió el proceso creativo con estas palabras:

           

            “Cuando soy completamente yo mismo, por decirlo así o cuando estoy completamente solo y de buen humor digamos, viajando en una carroza, o dando un paseo después de una suculenta comida, o durante la noche, cuando no puedo dormir; en estas ocasiones, precisamente, mis ideas fluyen con mayor facilidad y abundancia. De dónde o cómo vienen, no lo sé; tampoco las puedo forzar”

           

            J. P. Guilfor llama a esta habilidad pensamiento divergente, es decir, una actividad mental que funciona produciendo ideas y respuestas originales y consigue generar más de una solución a los problemas. Se ha escrito mucho en psicología sobre los correlativos entre inteligencia y creatividad, personalidad y creatividad y sus capacidades, no es esta la intención del presente ensayo, por lo que diré tan sólo que son múltiples las características de personalidad, motivación y experiencia vinculadas a ésta.

 

            Valente hace dos distinciones significativas en torno a la creatividad:

 

            1-La imitación en profundidad.

            2-La imitación por contigüidad.

 

            En las personalidades creativas encontramos ambos, pero según he podido constatar por numerosas fuentes, el primero es más laborioso porque es la raíz misma que abarca toda la tradición literaria. El segundo no exige tanto esfuerzo porque dice Valente” se alimenta en las fuentes contemporáneas siempre más asequibles”.

           

            Jonathan Swift en “Los viajes de Gulliver” nos da una clase maestra de lo que significa la desbordante e inagotable imaginación. Fue publicada de forma anónima en 1726. Gulliver hablando a los liliputienses, atendiendo a  minúsculos hombrecitos e intentando moverse en ese micromundo es ya parte de nuestra realidad. Nuestro mundo sería otro sin éstas y otras miles de obras. Y qué hacía Gulliver sino pedir respuestas- porque eso forma parte del trabajo del creativo-, bien a la sociedad, al entorno  o a sí mismo. Opino que parte del secreto de una buena obra es la capacidad para escenificar las relaciones entre las personas, dar a conocer sus mundos, sus deseos y frustraciones, consiguiendo así que  perdure en nuestro pensamiento primero y en nuestro recuerdo después. Al escribir rememoramos escenas, frases, personajes, porque combinar los sutiles velos del recuerdo es crear. Se aprende leyendo; de hecho, se dice que leer es vivir dos veces. Sin embargo se dice, por ende, que escribir es dejar de vivir, pero… ¡se aprende tanto escribiendo! Aprendemos a quitarnos el sombrero, luego el barniz y con la fuerza de los cinco sentidos evocamos, observamos, analizamos; van surgiendo preguntas e intentamos lanzarlas, unas con otras, sin respuestas. Y es que cuando se escribe, cuando se cuenta algo, tomamos la realidad-pero sólo una milésima parte de esa realidad-, la cocinamos aderezándola con los ingredientes cuidadosamente escogidos y la servimos adornada(a mi me gusta en plato blanco)  eligiendo con mimo tanto la combinación de colores  como la combinación de ideas.

           

            En contraste, la literatura de masas repite modelos establecidos que se ha comprobado funcionan, llevan a la venta de un producto con unos guiones predeterminados (con mayor o menor fortuna). Parece que hoy en día unos autores se miran, se leen y se copian unos a otros, dando la impresión de una de esas habitaciones de nuestro lenguaje onírico donde los espejos nos mandan centenares de imágenes similares aunque grotescamente deformadas, sin luz ni color y con escasos matices. Como dijo en alguna parte D. Miguel de Unamuno, el saber fecunda, no estorba (refiriéndose a su obra). Junto a este saber opino, está la honestidad que lleva al artista a producir, no a parafrasear, porque sin honestidad, sin dejarnos algo de nosotros mismos que incluso nos llega a sonrojar no emergería la creatividad. Ésta nos da la base para crear realidades que no coinciden con la existente, es la magia de la imaginación, ese potencial exclusivamente humano. Cuando transformamos nuestras experiencias en conocimiento lo hacemos utilizando la fuerza creadora gracias a las herramientas y a los recursos humanos puestos a nuestro alcance. Sólo podemos crear-imaginar una idea si previamente  tenemos un concepto; si nuestro “imaginario” se ha llenado de muchos conceptos ideados-imaginados por otros. Por ello quiero terminar con una de las preguntas con las que empecé: ¿Qué tienen en común todos ellos? y contestarla con lo que creo resume extraordinariamente bien  lo expuesto aquí: “Escribir es como la segregación de las resinas; no es acto, sino lenta formación natural. Musgo, humedad, arcillas, limo, fenómenos del fondo, y no del dueño o de los sueños, sino de los barros oscuros donde las figuras de los sueños fermentan. Escribir no es hacer, sino aposentarse, estar” (José Ángel Valente).

 

 

            Herminia Pérez Cifuentes

 Artículo en formato Word

 

 ------------------------------------------------------------------------------ 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

 

MARGUERITE YOURCENAR, El tiempo gran escultor. Ed. Alfaguara literaturas 1989.

 

CARMEN MARTÍN GAITE, La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas, Ed. Destino, volumen 176.

 

CARLOS FUENTES, Babelia, Diario El País. 04/10/08.

 

JOSÉ ÁNGEL VALENTE, Ensayos. Textos críticos dispersos o inéditos, Ed. Galaxia Gutenberg 2008.

 

JOSÉ ÁNGEL VALENTE, Poesía y prosa, Ed. Galaxia Gutenberg, 2008.

 

VIRGINIA WOOLF, Diario de una escritora, Ed. Fuentetaja, 2003.                                                                                                                         

 

VIRGINIA WOOLF, La señora Dalloway, Biblioteca de plata de la narrativa del siglo XX, 1995

 

DORIS LESSING, El cuaderno dorado (prefacio), Biblioteca de plata de la narrativa del siglo XX, 1995.

 

YOLANDA BENITO MATE, Inteligencia y algunos factores de personalidad en superdotados, Ed. Amarú, Salamanca 1996.

 

PSICOLOGÍA SOCIAL, Ed. CEAC 1986.

 

LOS VIAJES DE GÚLLIVER, Ed. Alfaguara.

 

MARIO VARGAS LLOSA, La vida intensa y suntuosa de lo banal, Biblioteca de plata, Círculo de lectores.

 

 

Inicio de la página

 

 © Herminia Pérez Cifuentes, Veterinaria, Diplomada en Ciencias Humanas y Licenciada en Historia del Arte.

 

 © Revista DIOTIMA DE MANTINEA Revista de Lectura y creación. ISSN:  1698 - 2622

. 21 de octubre de 2008.

 

 

 

Foro de Realidad y ficción

www.realidadyfiicion.es

www.realidadyficcion.eu

www.filosofiayliteratura.org

 

 

 

Edición del sitio web:

© Mercedes Laguna González

Foro Realidad y ficción

18800 Baza (Granada)

 

Escríbenos

editora@realidadyficcion.eu